martes, 15 de noviembre de 2016

¡Quiero saludar a "Cristopher"!

Le estaba esperando. Le ha visto a unos 10 metros. No se conocían. Los ojos le han vuelto a brillar. Ha dado dos pasos adelante y lo ha esperado abriendo sus brazos todo lo que su propio cuerpo le permite.
Pol no se lo esperaba. No sabía muy bien qué pasaba. Tampoco le ha dado muchas opciones ni tiempo para pensar. Lo ha abrazado. Sin brutalidad pero intensamente.
- "¡¡¡Muy bien, tio!!!", le ha soltado mientras continuaba abrazándolo.
Pol se ha dejado abrazar y finalmente también se ha fundido en el abrazo.

Dibujo de Joan hecho por Sara Serra
Su cara, sus ojos rasgados son un pasaporte que permite a la gente confiar en ellos más de lo que lo harian con cualquier otra persona.
- "Lo has hecho muy bien, tío", "Me ha gustado mucho", repetía mientras lo miraba, ahora ya sin abrazarlo. Después ha tenido un breve dialogo con él destinado a comprobar también que realmente es un actor y que todo aquello no le había pasado en realidad.

Al terminar la función nos ha hecho esperar a toda la familia en el hall del teatro porque quería saludar a "Cristopher". Con esa tozudez y obcecación que tienen estos chicos a veces. Llevarle la contraria en estos momentos es costoso y además hemos aprendido a intuir que a veces detrás de estas demandas hay un sentimiento, una idea, una necesidad, un pensamiento brillante, que no sabe cómo expresar de otro modo. Llevaba dos horas en silencio observando cada detalle de la obra y él necesitaba expresar algo de lo que tenía dentro. El abrazo era la respuesta. Hay abrazos que adivinas que son diferentes. Y este lo era.

Le estaba diciendo -a su manera- "gracias" por haber hecho entender a tanta gente cosas que él nunca nos habría sabido explicar. Porque él estas cosas no las sabe explicar.
Nos estaba diciendo que sabía que habíamos comprendido algo y nos quería confirmar que lo habíamos entendido bien. Que es verdad. Que ahora lo entendíamos un poco más. ¡Y este "poco" le sabe a gloria!

O no. Y lo he inventado porque necesito ver o creer lo que he visto. O porque necesito interpretarlo. No lo podré saber nunca a ciencia cierta. Este es otro de los aprendizajes con ellos.

Pero creo que no. Los que convivimos con ellos sabemos que hay momentos especiales donde "pasan cosas". Y esas "cosas" en cierta medida nos igualan a ellos. Y nos igualan porque tampoco somos capaces de explicarlas, ni definirlas, ni concretarlas. Solamente sabemos que "han pasado".

Porque para ellos, de alguna manera, nuestro mundo todavía es hostil.
Porque ellos no siguen nuestro ritmo, ni nuestras acciones, ni nuestros miedos, ni nuestras velocidades.
Porque ellos no siguen todos nuestros razonamientos, metáforas o nuestras mentiras.
Pero a pesar de no seguir todo esto,
"ellos" saben hacer esperar una familia entera a que salga un actor después de la función,
"ellos" saben darle un abrazo para agradecer al actor lo que ha hecho y
"ellos" saben hacer entender a su familia que lo que han visto explica un poco lo que "ellos" sienten cada día.

Si puedes, ve a ver "El curioso incidente del perro a medianoche".
Y si al salir ves que un chico de 16 años con el Sd. de Down (aunque la obra no habla de el Sd. de Down) o cualquier otra discapacidad hace esperar a toda su familia hasta que sale el actor principal,
si entonces lo abraza y le dice que lo ha hecho muy bien,
si la familia con los ojos emocionados también se lo mira de lejos sin atreverse a intervenir...
si te pasa todo esto ... confirmarás que la obra -que por sí sola ya te habrá hecho pensar- explica lo que les gustaría decir a ellos, pero no saben expresar.

Y el abrazo de este chico de 16 años -o de cualquier otro parecido- es el aval de los interesados, a todo lo que hemos visto. Es la alegría que alguien nos lo haya explicado y es la demanda de que recordemos lo que hemos visto, aprendido y sentido, más allá de la puerta del teatro.

Gracias, Pol. Gracias al resto de actores y gracias a Mark Haddon. Y gracias a la magia del teatro.




Teatro basado en el libro riginal de Mark Haddon  "El curioso incidente del perro a medianoche".

domingo, 13 de noviembre de 2016

El riesgo de defender.

Maxima Acuña, activista peruana amenazada por su lucha
185 personas fueron asesinadas en 2015 por defender los derechos humanos. 122 en América Latina. Lo explica el informe de Oxfam Intermón, "El riesgo de defender".
Hablé de ello para homenajear a Berta Caceres asesinada el pasado mes de abril en Honduras. A su sucesor lo han intentado matar ya dos veces. Y el 90% de estos asesinatos, quedan impunes.

Nos cuesta entender que ser comprometido socialmente, que defendiendo ideas en beneficio de tu pueblo y de las generaciones futuras, puedas poner en riesgo tu vida. Lo más difícil que tenemos que vencer nosotros para movilizarnos es la pereza. Es inimaginable pues que haciendo esto te juegues la vida.

Estos asesinatos los hacen gobiernos, grupos paramilitares y grupos empresariales con fuertes intereses económicos. El patrón es el mismo en todas partes. Para obtener beneficios económicos, para obtener poder, pasan por encima de las personas aunque estas defiendan cosas justas, pensadas en clave de futuro y en beneficio de todos. Un sistema impune hace el resto y permite que cada semana mueran tres personas en el mundo para defender los derechos humanos.

Una empresa no llega a estas prácticas repentinamente. Son fruto de pérdidas incrementales de valores. Las empresas deben ser rentables, pero no a cualquier precio. Toda empresa debe saber cuál es el rol social y cuáles son sus valores. Todos conocemos gente que para ascender o para conseguir beneficios, son capaces de todo. Escuchaba hace unos días a un director con valores de una multinacional que decía: "Un momento clave en la empresa, es cuando tienes un jefe, un responsable de equipo que te soluciona la cuenta de resultados pero a costa de lo que sea o quemando al equipo que tiene a su alrededor. Si lo despides, todo el mundo entenderá de verdad que tu empresa tiene unos valores "

Empresas y gobiernos que en su día no quisieron ver cosas como esta o que deslocalizan, subcontratan, que tienen lejos los trabajadores y que no velan por los valores, son las que con el tiempo justificarán despidos injustos, fraude fiscal, corrupción, engaño a sus clientes o en casos extremos acabarán asesinando a alguien si les molesta

Es necesario que luchemos para que estos asesinatos no queden impunes, pero también que velemos por las pequeñas cosas y comportamientos de cada día en nuestras empresas y en nuestro país, porque son importantes. Todo NO vale



Más información:





Artículo publicado en la revista "El Portal" de Centelles num. 267 de Noviembreo del 2016