sábado, 7 de febrero de 2015

Tenemos que luchar contra la desigualdad

Articulo publicado en la revista Món Jurídic del Col·legi d'Advocats de Barcelona en su num. 293 de enero 2015

LA SITUACIÓN DE CRISIS FINANCIERA HA HECHO AUMENTAR LA DESIGUALDAD ENTRE LAS PERSONAS. POR UNA PARTE TENEMOS LOS MOTIVOS POR LOS QUE LA DESIGUALDAD EXTREMA NO ES BUENA PARA NADIE, Y DE LA OTRA, ¿QUÉ ACCIONES SE PUEDEN LLEVAR A CABO PARA LUCHAR EN CONTRA?.

Las 80 personas más ricas del mundo tienen la misma fortuna que la mitad de la población, es decir, que 3.500 millones de personas. Hace unos años que en Oxfam Intermón nos preocupa la pobreza pero sobre todo el aumento de la desigualdad, es decir, que unos pocos tengan cada vez más ingresos mientras un grupo creciente de personas tienen muy poco, o casi nada.
Actualmente sabemos dos cosas muy importantes en torno a la riqueza.
  • La primera es que no es infinita.
  • La segunda es que hay suficiente riqueza para que todos puedan vivir con dignidad.
Conociendo estas dos realidades, no es del todo apropiado decir que luchamos contra la pobreza. Realmente nuestra tarea es luchar contra la desigualdad. El trabajo no se modifica sustancialmente pero los matices que añade el nuevo término nos resultan especialmente útiles.
Y es que, aunque cueste creerlo, desde que comenzó la crisis, el número de millonarios se ha duplicado, según un estudio que Oxfam Intermón publicó este octubre. Esto quiere decir que las 80 personas más ricas del mundo incrementaron su fortuna medio millón de dólares cada minuto durante el último año.
Desde nuestro punto de vista, la desigualdad extrema no es buena para nadie por las siguientes razones:
  1. No es éticamente aceptable. "La tierra produce lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre" dijo Ghandi. Desde el punto de vista ético es imposible justificar la desigualdad, especialmente cuando ésta degrada la dignidad humana de miles de millones de personas en el mundo, que no tienen ni lo imprescindible para vivir.
  2. Es ineficiente económicamente. Tanto dinero en manos de pocas personas son poco útiles. Si el mexicano Carlos Slim, la persona más rica del mundo actualmente, decide gastarse la barbaridad de 1 millón de euros cada día, tardaría 220 años en pulirse toda su fortuna. En cambio, este dinero incrementarían el poder adquisitivo de cientos de miles de personas.
  3. Corrompe la política. Las grandes fortunas siempre quieren influir en el poder político para mantener sus privilegios y, por tanto, con un espiral sin fin están acabando con la democracia como se puede constatar fácilmente hoy en día.
  4. Es fuente de conflicto y división. Las diferencias tan evidentes y abismales entre ricos y pobres generan inestabilidad política y social, y desencadenan situaciones de violencia que no son buenas para nadie, ni siquiera para los ricos.
  5. Es evitable. Tenemos suficientes mecanismos para legislar y tomar decisiones políticas que nos permitan terminar con la desigualdad.
A pesar de todo ello, 7 de cada 10 personas en el mundo viven en países donde la desigualdad se ha incrementado en los últimos 30 años. No sólo está aumentando la diferencia sino que estamos en un momento realmente preocupante.
  • En África, mientras 16 personas tienen fortunas superiores a mil millones de dólares, 358 millones viven con menos de un dólar al día. 
  • En la India, podrían acabar dos veces con la pobreza extrema con la fortuna de los indios más ricos. 
  • En España, sólo 3 personas acumulan una riqueza que duplica con creces la que tiene el 20% más pobre de la población. 
Es evidente que hay que reducir la desigualdad, limitar la acumulación de riqueza y poner freno a la pobreza extrema. ¿Y como lo podemos hacer?

  • Lo primero es ser conscientes de que la desigualdad es un problema. Un problema, además, que es global y que no se puede solucionar sólo en clave local.
  • Lo segundo que necesitamos es pensar éticamente y situar en primer lugar a las personas y su dignidad. Y cuando decimos las personas, queremos decir todas. No las que hablan español, las más cercanas, las de mi país o mi cultura, sino todas las personas del mundo! Hay que recuperar el concepto de dignidad humana y sus consecuencias. Y es que toda persona por el solo hecho de serlo, tiene unos derechos mínimos que hay que asegurar. No por generosidad sino por justicia. Aunque vivan en 6.000 km, tengan otra cultura, otro idioma, no los conozcamos o piensen diferente que nosotros. 
Este es el marco con el que hay que trabajar para cambiar la situación local y globalmente. A nivel de nuestro país haria falta:
  1. Madurez democrática que refuerce y regenere el sistema que, en este momento, se encuentra capturado por la élite política. Esto implica que la ciudadanía tiene que arremangarse, participar, presionar para lograr transparencia en todos los niveles de la vida política. Seguramente significa invertir las dinámicas actuales. Esto lo debemos acompañar con medidas que aseguren una separación real de poderes;
  2. Asegurar un suelo por debajo del cual no haya nadie. Es decir, limitar la desigualdad por abajo. Esto implica inversión en servicios sociales públicos y de calidad, como la salud y la educación;
  3. Asegurar ingresos suficientes para poder invertir en servicios sociales. La herramienta más sencilla y eficaz de hacerlo es la fiscalidad. Una fiscalidad simplificada, justa y progresiva que sea realmente redistributiva;
  4. También podemos fijar medidas que limiten la desigualdad como establecer topes entre las diferencias salariales dentro de una misma empresa;
  5. Refundar la política exterior del país y dejarla de entender sólo como un elemento de ventas e ingresos y añadir de una manera clara los componentes éticos que hagan que nuestro progreso no sea a costa de personas que están lejos de casa. Es decir unas políticas realmente transversales interna y externamente de cooperación internacional.
Estas medidas locales hay que acompañarlas de medidas globales:
  1. Asegurar una fiscalidad internacional que no permita evadir y eludir impuestos en los países donde realmente operan las empresas y la erradicación de los paraísos fiscales;
  2. Asegurar sueldos dignos en cualquier país del mundo;
  3. Asegurar una política de Cooperación Internacional que garantice el ejercicio de los derechos fundamentales allí donde no se cumplan.
Necesitamos hacer frente a la desigualdad porque ésta actúa como un cáncer que lo invade todo y lo echa todo a perder. Es básico que recuperemos los derechos en nuestro pais y lejos de aquí, si no queremos dar pasos gigantes hacia atrás.
Nos puede resultar extraño que una ONG que pensábamos que sólo se dedicaba a hacer escuelas, pozos y repartir semillas nos diga estas cosas. Pero es que hace tiempo que, aparte de hacer escuelas, pozos y repartir semillas, queremos cambiar las causas que nos llevan a hacer todo esto.
Y si la causa principal es la desigualdad, es necesario que la combatamos con fuerza.
Contamos con vosotros.



Articulo publicado en la revista Món Jurídic del Col·legi d'Advocats de Barcelona en su num. 293 de enero 2015
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