lunes, 10 de noviembre de 2014

He votado el 9N

Hoy he votado. Lo he hecho con ilusión. Con sentimiento de trascendencia a pesar de que nos hayan querido aguar el hito meta.
La trascendencia a un acto no la da la ley sino la intención y el sentido de los que lo hacen. De todos los que hoy votamos.
Y mañana, salga lo que salga y orgulloso de haber estado ahí, sin olvidar los valores que nos han traído aquí y estemos en el país que estemos, habrá que volver a trabajar.

Habrá que seguir y volver a mirar a la cara a las personas. Especialmente a las que sufren.
Habrá que luchar otra vez para que no nos diluyan los derechos básicos en nuestro país.
Y de manera especial, mucho más especial, habrá que luchar al lado de las personas que sufren lejos de casa y de nuestro país,
las que no han tenido casi nunca NINGUNO de estos derechos,
las que no han tenido ninguna o casi ninguna oportunidad
y por las que votar queda mucho más allá de lo que necesitan diariamente.

Que ninguna frontera nos haga olvidar que todos somos personas por igual.
Y que hasta que cualquiera en cualquier rincón
no tenga respetada su mínima dignidad como persona,
es necesario que todos, estemos en el país que estemos, luchamos por ellos.

Sino nuestra dignidad,
la que tenemos y hemos demostrado hoy, votando a pesar de todo y todos,
la perderemos irremisiblemente si una sola persona sufre lejos o cerca y no actuamos para evitarlo.

Estoy contento y feliz. Sí. Había soñado este momento muchas veces.

Pero para mí no tiene sentido por sí solo.
Necesitamos estar tan arraigados a la propia identidad como abiertos y luchando por la dignidad y la justicia global.
Ningún país nos puede hacer olvidar el mundo, ninguna identidad nos puede hacer olvidar las personas

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