lunes, 25 de mayo de 2015

Festa per una Societat Inclusiva del Garraf




Este texto es el parlamento que he escrito y leído en nombre de la "Plataforma ciutadana de l'escola Inclusiva" al cierre de la Fiesta por una societat inclusiva de la comarca del  Garraf (Barcelona)







Mañana tenemos elecciones a todos los pueblos y ciudades del país. Los grandes medios han hablado sobradamente de llo. Pero han enfocado básicamente una, dos o tres cuestiones que han acaparado prácticamente todo el espacio y los todos los debates.

Son grandes líneas. Son aspectos que muchas veces nos desenfocan el núcleo. Y el núcleo son las personas. El trabajo de l@s que gobiernan, nuestro trabajo y todo nuestro esfuerzo debe estar dirigido a las personas. A las personas sin añadir ningún adjetivo a la palabra persona. No necesitariamos hablar de infancia, de género, de discapacidad, de raza u origen si habláramos de personas en mayúsculas.

Pero esto, aun no es así. Y necesitamos hacer fiestas como esta para hablar de la inclusión. Necesitamos hacer fiestas hablando de personas con discapacidad. Necesitamos seguir ... que digo seguir! necesitamos volver a empezar - porque vamos atrás en vez de adelante- la lucha para que los niños y niñas, todos, vayan juntos a la escuela. A una sola escuela para todos y todas. Necesitamos recomenzar la lucha para que las personas encuentren trabajo. Todas. Y en un momento de falta generalizada de trabajo y de crisis, quien tiene menos posibilidades -como siempre- es quien cuenta con menos oportunidades, el que esta en el eslabón más débil de la cadena.

Vivimos en una sociedad desigual. Profundamente desigual y cada vez lo es más. Y no sólo económicamente. La desigualdad económica es grave, pero al menos es visible. Pero hay otras desigualdades. De género, de capacidades, de poder, de oportunidades. Y la desigualdad más grave es la de oportunidades. Es invisible. Es cruel. Y se ignora porque parece que no exista. En la escuela y en el trabajo, la desigualdad de oportunidades para nuestros hijos es tan extrema y a menudo tan invisible que nos hace falta salir a la calle para hacer fiestas como esta y explicarlo. Explicarlo y exigir que se enmiende.

Y reclamar que nos volvamos a centrar en las personas. En todas. Todas. Independientemente de donde hayan nacido, de donde vengan, que piensen, qué religión tengan, qué color de piel o qué capacidades. Lo que importa es que son personas. Las personas que nos hacen convocar esta fiesta nos han hecho entender que el centro son las personas. Este convivir con ellos, al mismo tiempo, en el mismo camino, nos ha humanizado. Nos ha humanizado en general. No sólo para tratarles a ellos, sino también a cualquier otra persona, cualquiera ..
Y esta es la única llave maestra de todo esto, las personas que por el solo hecho de serlo, tienen derechos y dignidad, to-das .

Trabajamos para que a nuestros hijos todo el mundo los considere como a todos los demás.
Por nuestros hijos exigimos derechos, dignidad y oportunidades, pero sobre todo oportunidades. Porque si no las tienen nunca podrán tener los derechos y la dignidad.
La escuela y el trabajo son las oportunidades. Son el camino para tener derechos y dignidad.
Y pidiéndolo por ellos lo pedimos para todos.

Que cualquiera sea persona, que todos y todas seamos iguales,
no significa que todos y todas tengamos lo mismo,
sino que cada uno tenga lo necesario para que podamos llegar todos a la meta.

La escuela, el trabajo y las oportunidades
- Las buscaremos hoy en los programas que vamos a votar mañana,
- Las exigiremos a los departamentos y ministerios correspondientes,
- Las recordaremos a los técnicos y a los representantes políticos,
- las exigiremos en las elecciones de septiembre,
 y no vamos a parar hasta que este país las tenga asumidas como naturales.
Mientras esto no sea así, nos seguiremos encontrando en esta y muchas otras fiestas.
Buena fiesta




Y expresado de otro modo, también podría haber sido así:


  • Cuando las personas somos un número, los muertos en el Mediterráneo son una cifra fría.
  • Cuando las personas somos un número, los muertos en el terremoto de Nepal parecen historias de otro mundo.
  • Cuando las personas somos un número, no nos importa demasiado como se extre el Coltan para nuestros moviles en la Rep. Democrática del Congo.
  • Cuando las personas somos un número, sólo prestamos atención al precio de la ropa que compramos, y no a si la fábrica donde fue producida se ha derrumbado y ha causado la muerte de cientos de trabajadoras.
  • Cuando las personas somos un número, los "especiales" son un estorbo y un lastre.




  • Cuando dejemos de ser un número, las personas querremos saber el nombre, la cara y la historia de las personas que han perdido la vida en alta mar.
  • Cuando dejemos de ser un número, las personas compartiremos el sufrimiento de la gente de Nepal aunque estén tan lejos
  • Cuando dejemos de ser un número, sabremos que nuestro móvil lleva una pequeña mancha de sangre (tanto como los miligramos de Coltan que lleva), pero querremos apoyar las campañas que piden una extracción justa de los minerales.
  • Cuando las personas dejemos de ser un número, compraremos ropa de comercio justo y exigiremos a las marcas que paguen salarios justos a las trabajadoras y les aseguren las condiciones laborales mínimas.
  • Cuando las personas dejemos de ser un número, en nuestra escuela cabrá todo el mundo, nuestro espacio de trabajo serà para todos y todas, y todos habremos ganado la capacidad de convivir, relacionarnos y enriquecernos entre todos. Y tal vez incluso descubriremos que los que llamábamos los "especiales" eran esencialmente, personas.


Y ese día la sociedad, sin querer, habrá cambiado y será diferente, más humana, más pausada, más sonriente ... y seguramente más feliz
El único inconveniente ... es que tal vez no será necesario hacer fiestas como esta.
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