jueves, 29 de septiembre de 2016

Gente pobre ayudando a gente pobre

Esta entrada la he escrito conjuntamente con Juanjo Tarrés, del blog Africa en Colores

El  terrorismo ha obligado a abandonar su casa a siete millones de personas. Han dejado atrás trabajo, campos y vivienda. De esos siete millones, tres millones de personas pasan hambre cada día. Tres. Como si fuera toda Galicia, ¿nos lo imaginamos? Han huido hacia otros puntos de sus países o han cruzado la frontera hacia el país vecino. Muchos se han lanzado al agua para llegar, con mucho riesgo, a otro país,  en la otra orilla de un gran lago.

Estamos hablando de países con enormes dificultades económicas, sin condiciones para hacer la acogida. Sólo un tercio del presupuesto necesario está disponible. En esta huída han muerto ya 25.000 personas.

Y no. No estamos hablando de Siria, Líbano y Grecia. Estamos hablando de Nigeria, Níger y Chad. Y no hablamos de la guerra en Síria, sino del terrorismo de Boko Haram que ha desplazado a millones de personas en esos países y en Camerún, todos situados alrededor del Lago Chad, en medio de África. La mayoría de ellas tienen en común que han sido  acogidas en casas particulares de gente humilde que ha compartido lo poco que tenía. Aquí la gente no se lo ha pensado dos veces, a pesar de no tener nada y de ser Chad uno de los países más pobres del planeta. En la región no hay demasiadas ONG, ni suficientes campos de refugiados, ni voluntarios. Hay, sobre todo, mucha gente pobre ayudando a gente pobre.
Niños en el campo de desplazados de Farm Centre,  Nigeria,donde viven
 13.000 familias.   Foto: Ibrahim Dung / Oxfam

La ayuda humanitaria internacional, insuficiente, está llegando a los campos de refugiados y desplazados a orillas del lago y a la población que los acoge.
Curiosamente, en una zona donde hay agua en abundancia, el acceso a un agua de calidad es complicado. De ahí que alguna de nuestras actividades sea rehabilitar pozos o construir letrinas: son proyectos que favorecen a los que llegan y a los que están. Pensemos que hay comunidades pequeñas, de un par de miles de personas, que ven duplicados sus habitantes en unos meses. En la zona norte de la ribera chadiana Oxfam ya ha identificado sitios para realizar  15 pozos y se dispone a reparar 11 puntos para bombear el agua.  Si no se interviene, las  condiciones de vida de todos se degradan.

Los desplazados además necesitan trabajar y ganarse la vida: hay que facilitar semillas y herramientas para cultivar la tierra. Ninguna ONG tiene intención de quedarse en una zona eternamente,  de ahí que cualquier programa que facilite la sostenibilidad del mismo cuando las ONG se hayan ido es bienvenido.

No es fácil acceder a la zona. A las dificultades propias de una zona pantanosa se une la presencia del grupo terrorista causante del éxodo, sin hacer distinciones de nacionalidad, sexo o religión.

Y precisamente en esas condiciones tan complicadas es necesario crear mecanismos de protección hacia las mujeres ¿Cómo? Una forma es hablar abiertamente en comunidad de ataques y violencia sexual para que deje de ser un tema tabú, que los hombres comprendan que son comportamientos inadmisibles y las mujeres que tienen que denunciarlos cuando se produzcan. En Oxfam ayudamos a crear “comités de protección” para hablar de los casos de acoso que se han producido y de cómo evitarlos.

Todo esto sucede en un lugar con un ecosistema frágil, donde la desertificación avanza lenta e implacablemente. El lago, este precioso espacio entre estos cuatro países, tiene cada día menos agua y menos verde.

Esta es una más de las realidades de desplazados y refugiados. La situación en Grecia es sólo la parte visible del enorme iceberg: 65 millones de desplazados por conflictos. 220 millones de desplazados contra su voluntad por muy diversas razones, la más importante el hambre. La situación en Europa, en vez de eclipsar el resto de información, nos debería abrir los ojos a una realidad a la que hasta ahora ignorábamos.

Hace unos días tuvo lugar la cumbre de Naciones Unidas para las personas refugiadas y desplazadas. Y también una cumbre de jefes de estado convocada por el presidente Obama. Los acuerdos de la primera son decepcionantes, los compromisos de la mayoría los países en  la segunda son mucho más esperanzadores. No es el caso de España, que no ha concretado ni un solo compromiso. Ratificando así la falta de voluntad que denunciaba Oxfam Intermón en su informe “España, suspende en la respuesta a refugiados”.

Es necesario que el mundo,  estados y  instituciones,  se tomen en serio esta situación mundial que va mucho más allá del "problema" Europeo.

Las ONG hemos estado presionando en la cumbre de Naciones Unidas para hacer y concretar propuestas. Solamente con una acción coordinada de asistencia y presión política cambiaremos las situaciones injustas. Y este es un ejemplo donde este principio está clarísimo. España no ha estado a la altura una vez más. Tarde o temprano tendrá que afrontar el tema con otro abordaje. Y como decía esta semana Sergio Barciela de Caritas en el foro “Un año de agenda 2030 en España. Queda mucho por hacer”:  “La movilidad humana no es un problema. Puede gustarnos más o menos, pero es una realidad como la ley de la Gravedad. Ante esa realidad hay que ver cómo vamos a responder”
Pero el tiempo pasa, como decía la ultima campaña de las ONG españolas,  y cada hora que no deciden, muere una persona intentando cruzar una frontera. Estos días infelizmente la cifra aumenta con nuevos naufragios masivos. Por eso tenemos prisa.




Esta entrada la podeis encontrar publicada en castellano en loblogs de La Vanguardia y en una versión más reducida en mi columna mensual de la revista "El Portal" num 265 de septiembre de Centelles
 
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